domingo, 15 de junio de 2014
Una copa, dos copas, tres copas... empiezas a ver las cosas de un modo distinto, comienzas a reírte sin razón por cualquier cosa, bailas, haces el tonto y continuas bebiendo, el alcohol comienza a hacer su efecto en tu cuerpo, comienzas a sentirte menos pesado/a como si flotases en un mar de nubes, comienzas a decir cosas que piensas y que sino estuviese una cierta cantidad de alcohol circulando por tu sangre no se te ocurriría decir, te quedas inconsciente, haces el ridículo, te inventas historias, llegas a tu casa y a la mañana siguiente no te acuerdas de parte de las cosas que hiciste el día antes, encuentras mensajes de desconocidos en tu móvil, fotos en las que no te reconoces, y algún mensaje de algún amigo preocupado por ti y entonces te das cuenta de que empezaste creyendo que sería un buen día que ahogarías tus penas en alcohol y lo único que conseguiste fue hundirte a ti, a la persona que realmente eres, que perdiste el control. te arrepientes y te dices que no volverá a pasar, que es la última vez, pero vuelves a caer por que aún no has recuperado las riendas de tu vida, porque perdiste el control y ahora no sabes que hacer, solo te queda luchar por tener una vida mejor que la que te deparará si dejas que el alcohol o cualquier otra droga dominé tu vida.
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